Un gran silencio ha invadido la sala en Rosenwald. Un joven de apenas 13 años acaba de sacrificar la dama contra el maestro
Donald Byrne en el movimiento 25. Eso supone una desventaja material inmensa para las negras. Pero
Byrne se revuelve en su asiento. Su contrincante,
Bobby Fischer, mira impasible el tablero con las manos cruzadas sobre el mentón. Es imposible que en una partida de alto nivel haya pasado desapercibida la pérdida.
Byrne captura la dama y continúa.
Fischer arrincona la dama blanca y comienza la perfecta combinación de las dos torres, los dos alfiles y un caballo. En la
jugada 36 ya está todo decido pero
Byrne permite que
Fischer le dé mate. La sala sigue en silencio.
Fischer adoraba esos silencios. Aprovechaba las clases, las noches, la oscuridad de los cines para entrenar al ajedrez. Hasta doce horas al día. Por supuesto la URSS temblaba.
Robert Fisher era el primer norteamericano desde
Paul Morphy que hacía temer por la hegemonía rusa en el ajedrez. Sólo
Tigran Petrossian logró hacerle tirar el rey una vez; el resto, incluidos
Taimanov y
Larsen lograron algunas tablas y muchos abandonos llenos de ira.
La URSS, sin embargo, tenía a
Boris Spassky, su campeón nacional. En 1972 la Unión Soviética le declaraba la guerra a Estados Unidos en un tablero en Reykjavik.
Fischer barrió al ruso en 21 partidas y fue recibido como un héroe nacional entre los
yankees. Pero
Bobby quería ir más allá: se dice que quiso negociar con
Anatoly Karpov un
match clandestino y el FBI lo impidió.
Bobby pensaba que había un complot judío contra su persona. El
match no se llegó a jugar oficialmente y
Fischer desapareció en el 75.
En 1992 llamó por teléfono a
Spassky y los dos viejos enemigos volvieron a jugar en Belgrado.
Spassky perdió otra vez y el encuentro le valió a
Fischer el exilio: había vuelto a jugar sin el permiso expreso de los servicios secretos.
Bobby volvió a desaparecer.
En julio de 2004 apareció en Japón con un pasaporte caducado tratando de viajar a Filipinas. Las autoridades japonesas lo mantienen en la cárcel de Ushiku a la espera de resolver el contubernio internacional.
Fischer por el momento ha renegado de su nacionalidad y ha solicitado asilo político en Serbia y Montenegro.