10.9.04

Alex 'Huracán' Higgins (1949)

Si es de los que piensa que el snooker es una suerte de billar para ingleses estirados con chaleco y pajarita ridícula quizá debería echarse a la cara a Alex Higgins. Con toda seguridad le rompería el palo en las costillas dos veces: la primera por confundirle con un inglés (él nació en Belfast) y la segunda por pura cortesía irlandesa.
Alex Higgins (weber.edu)
Lo que sucede es que Alex de niño quiso y no pudo ser futbolista y puesto que los irlandeses suelen tomárselo todo a la tremenda decidió hacerse borracho, fumador y jugador de snooker. A los 19 años ya había ganado el torneo amateur de su país y a los 23 ya había conquistado el mundo cual Alejandro Magno del billar. Sus contrincantes ingleses le temían dentro y fuera de la sala de juego: además de jugador de timbas, mujeriego y gallito, el bueno de Alex se dedicó a minar el establishment inglés del snooker.

Durante los setenta fue prácticamente imbatible, al tiempo que se echaba a las espaldas ocho campeonatos de Irlanda (1972-1980) y un par de Masters Benson and Hedges; refrescaba el gaznate con suculentas pintas de Guinness y demasiados cigarrillos.

Su derrota en el último suspiro contra un Terry Griffiths soberbio en 1982 es recordada como una de las partidas históricas del snooker, lo que no quita brillo alguno al personaje de Higgins. El desinterés de la prensa y, por lo tanto, de los promotores, pusieron de capa caída no sólo a Higgins sino a prácticamente todo el snooker.

Higgins se retiró del juego en 1997, por la puerta grande, aconsejando usos no demasiados cristianos del palo de billar al público de la BBC: esa misma noche recibió una puñalada. Sobrevivió para que en el 98 le diagnosticaran un cáncer de garganta que no supo de donde podía provenir y para que, con 53 años, anunciara su vuelta al snooker. Las viejas glorias nunca mueren.